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Hijas de la Caridad EN Chiva

Cuando uno quiere saber cosas de las Hijas de la Caridad, más que tirar de archivos, ha de preguntar a los vecinos de Chiva. Son tantas las anécdotas que te cuentan, tantos los sentimientos y las experiencias vividas con ellas… que resulta imposible recopilarlo todo. Pero algo sí nos queda claro, y es que esta Comunidad de religiosas ha sido realmente importante en la vida educativa y religiosa de nuestro pueblo.

Monjas y alumnas (1944)Hermanas (1963)

Corría el año 1903, cuando, en octubre, llegó la primera Comunidad de Hijas de La Caridad a Chiva y con ellas, se fundó el actual Colegio San Vicente de Paúl en el lugar que había sido el “Palacio de los Duques de Medinaceli”. La primera Hermana Sirviente (o “superiora”, como todos la llamamos) fue Sor Concepción Ceslogne. Y pocas cosas más se saben de estos primeros años de funcionamiento de esta Comunidad en nuestro pueblo, puesto que, todos los archivos existentes fueron quemados durante la guerra civil. Las Hermanas tuvieron que abandonar el Colegio el 25 de julio de 1936, pero regresaron en 1939 al finalizar la guerra. Se reanudaron las clases y los oficios, y se intentó que todo volviera a la normalidad después de las tragedias vividas por los vecinos de Chiva.

Durante algo más de 50 años, las Hijas de la Caridad acogieron en su casa a cientos de vecinos y vecinas de Chiva. Hasta los siete años impartían clases en su escuela para niños y niñas, y a partir de esa edad, sólo quedaban niñas que acudían allí para aprender a realizar bordados, corte y confección, clases de teatro (con su consiguiente representación en la “cambra” del colegio), también se fundó una asociación de antiguas alumnas, etc.

Como muestra del afecto que nuestro pueblo les ha brindado siempre, cabe recordar que, rondando los años sesenta, y ante el deterioro que sufría el colegio, las Hermanas, en su intención por restaurarlo, pidieron ayuda al pueblo a través de colectas, y el pueblo de Chiva, más que quedarse en simples donativos, se volcó ayudando con sus propias manos en las labores de restauración.

Monjas y alumnas (1944)Monjas y alumnas (1944)

Años después, y acorde con los nuevos tiempos, las Hermanas transformaron el Colegio, adecuándolo a las leyes de educación del Estado, creando una Escuela Infantil (preescolar) que acogía niños desde los dos hasta los seis años. Además, dejaron a un lado las clases de bordados, para impartir clases de contabilidad y mecanografía en horario extraescolar para niños y niñas más mayores.

Y así ha continuado hasta nuestros días.

Pero no toda la labor de las Hijas de la Caridad se reduce al plano educativo, aunque esta haya sido una ardua e indispensable tarea dado el momento histórico por el que pasaba nuestro pueblo en el momento de su llegada.

Desde sus comienzos, la Comunidad de Hermanas ha colaborado permanentemente en todo lo relacionado con nuestra Parroquia, siendo un apoyo incondicional para cada uno de los párrocos que por ella han pasado, y también para todos los feligreses que en ella nos reunimos. Durante todos los años de su existencia han sido presencia activa en todos y cada uno de los cursos de primera comunión, ayudando así, a cada uno de nosotros, a avivar la llama de la fe en Jesucristo.

Las Hermanas, siempre fueron punto de encuentro para las señoras catequistas, para las personas que forman la Asociación de la Medalla Milagrosa, para los jóvenes cristianos de Chiva, etc.

El ConventoEl Convento

Su labor misionera con muchas familias de Chiva nunca se conocerá realmente. Son tantas las causas que ellas han defendido, tantas las bocas que han alimentado, tantos los enfermos que han acompañado, que no se pueden enumerar, ni siquiera ellas mismas quieren dar datos porque como ellas bien nos dicen “lo que haga tu mano izquierda, que no lo sepa la derecha”. Así que, eso se quedará en el corazón de aquellas personas que en algún momento de su vida las necesitaron… y las tuvieron.

También han fomentado en nosotros la devoción por María Milagrosa, creando, como ya hemos citado, la Asociación de la Medalla Milagrosa (que sigue creciendo en número de socios), y haciendo posible que El Templo Parroquial de Chiva contara con esta imagen de La Virgen. Fue en 1995 que el párroco les concedió el permiso para construir un altar y colocar la imagen de la Virgen Milagrosa en la capilla primera de la nave lateral derecha, entrando en la Iglesia, vacía desde la guerra civil. Y así se hizo, las Hermanas, buscaron una imagen de la Virgen, que meses después llegó desde Zaragoza, en color madera, dispuesta para ser restaurada y decorada. Dicha Imagen fue colocada el 4 de agosto en su actual altar; altar que con tanta generosidad y dedicación realizaron tantas personas de Chiva. La bendición del nuevo altar de La Virgen Milagrosa tuvo lugar el sábado 12 de agosto del mismo año.

La labor de las Hijas de la Caridad con los jóvenes.

Alumnos con Sor Patrocinio (1958-59)Con Sor Patrocinio (1959)

En 1978, las Hermanas, junto a un grupo de jóvenes de nuestra parroquia, fundaron en Chiva la Comunidad de jóvenes de Juventudes Marianas Vicencianas (que anteriormente se conocían con el nombre de Hijas e Hijos de María), siendo desde entonces, y hasta la fecha, una Comunidad viva, al estilo de San Vicente de Paúl y al amparo de las Hijas de la Caridad que opta por luchar por un mundo más justo y más lleno del amor de Dios, dedicando así su tiempo a las catequesis para los niños de Chiva, a formar parte activa de la Parroquia, y a realizar labores misioneras. Las “monjicas”, como estos jóvenes las llaman, “siempre han sabido adaptarse a los cambios y las necesidades de la juventud, siempre han sido testimonio de vida entregada a Dios, han sido imprescindibles para nuestro crecimiento en la fe, un punto de referencia para nuestras vidas, y sobre todo, han sido un apoyo incondicional y ese abrazo cálido que sabes que siempre vas a recibir de ellas.”

Y si de fe y vocación seguimos hablando, no podemos dejar de mencionar las vocaciones que a través de las Hermanas surgieron en nuestro pueblo, como los son tres Hijas de la Caridad: Sor Mª Dolores Nácher, Sor Josefina Gaudisa, y Sor Marisol Aviñó. Y dos Padres Paúles de la Congregación de la Misión: Balduíno Martínez CM y José Vicente Martínez CM.

Y así, entre unas cosas y otras, con el ir y venir de unos y de otros, transcurrieron cien años.

Sor Leandra y Sor Dolores con sus alumnos (1931)Alumnos y Monjas (1931)

Como es de suponer, en sus respectivos momentos ya se celebraron las bodas de plata, las de oro y las de diamante, pero quizá estas fueron las más significativas porque celebrabamos cien años, ni más ni menos, trabajando y conviviendo con los vecinos de Chiva.

En el año 2003, siendo la Hermana Sirviente (superiora) Sor Carmen Florit y contando con la participación de cientos de personas que las queremos de corazón, tuvo lugar la gran celebración del 1º centenario de la llegada de las Hijas de la Caridad a Chiva. Hubo exposición de fotos (estábamos todos, ¡desde hace cien años!) y la Eucaristía fue compartida por muchísima gente de todas las edades que, tras asistir en el teatro a un concierto ofrecido por La Sociedad Musical “La Artística” y la Orquesta de Pulso y Púa “Villa de Chiva”, acabamos celebrando con ellas una comida en su honor, donde hubo regalos, emoción, y mucha alegría.

Capilla del Convento con motivo de la Confirmación (1931)Confirmación (1953)

Sabemos que esto que aquí está escrito, es sólo una pincelada de la larga y frutífera historia de las Hijas de la Caridad en Chiva… pero al fin y al cabo, hoy sólo se trataba de eso, de una pincelada. De todas formas, estaría bien, que alguien reuniera todas esas anécdotas y vivencias que guardan relación a nuestras monjicas, porque esas historias, son la historia de todos nosotros.

No podemos acabar este pequeño (y humilde) repaso histórico sin detenernos un instante a recordar a tres de las Hijas de la Caridad que llegaron a Chiva para nunca más marcharse, que son las tres Hermanas que descansan en nuestro cementerio, pero sobre todo en nuestro corazón, por ser como fueron: Sor Celia, Sor María del Carmen y Sor Francisca.

Y vamos a finalizar diciendo, con absoluta seguridad, que somos muchas las personas que le damos gracias a Dios por habernos dejado compartir parte de nuestras vidas con Las Hijas de la Caridad, porque de ellas hemos aprendido mucho, con ellas hemos reído y llorado, y con ellas hemos caminado un largo trecho de nuestras vidas…

Su casa siempre ha sido lugar de enseñanzas, de acogida, de oración, de apoyo y de escucha (esas aulas, ese patio, esa capilla…)

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Foto Maestra y alumnos (1954)
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