¡Atento! Si, a ti te hablo. Tú que estás delante de este Belén.
Detente un momento.
Olvida tu reloj y quédate mirando estas figuras.
Fíjate en todos los detalles: en los ojos, las manos, las posturas,… , no tengas prisa. Deja que la sencillez de los gestos hable a tu corazón. ¡Qué difícil es expresar en palabras lo que sólo ha existido para ser contemplado! Nos dice el evangelista San Lucas que José y su esposa María, que estaba encinta, iban a inscribirse en el censo decretado por el Emperador Augusto a una ciudad de Judea que se llamaba Belén. Mientras estaban allí a María le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre…
Mira, fíjate: El acontecimiento más grande de la humanidad ha sucedido de la forma más insignificante. Observa el centro de toda esta representación. Mira el foco de luz… ¡Qué ironía!, ¿no? El que es la LUZ, ¿cómo va a ser iluminado? Date cuenta que todo gira entorno a ÉL. Es como si toda la naturaleza al unísono quisiera dar gracias por ser testigo de este privilegiado suceso. ¡Cuánta grandeza en la sencillez de un niño! Él es el Mesías esperado, el que anunciaron los profetas, el Príncipe de la paz. Mira cómo va vestido: amortajado, como símbolo de la entrega máxima que en el árbol de la cruz realizará cuando llegue la hora de la glorificación.
La Virgen María y San José reflejan con sus cuerpos la serenidad y la paz. No creas que gozaron de algún privilegio celestial al hacerse cargo de esta bendita criatura, todo lo contrario, pronto experimentaron el sufrimiento y la persecución. Pero sabían que DIOS todo lo hacía bien. Todo; aún lo que no entendían. Por eso los vemos con esas posturas contemplativas. María sentada con las manos abiertas para acoger y San José de rodillas con las manos entrecruzadas para proteger. Sólo ellos tienen los ojos cerrados, tal vez porque ven al Niño con los ojos de la fe, con la mirada limpia del alma.
No te pares. Sigue mirando. Fíjate en la cara de expectación del buey y la mula. Quizá te sorprenda de lo que te voy a decir pero estos animales podemos ser tú y yo. Los Santos Padres lo han interpretado de la siguiente manera: el asno representa a los gentiles que llevaban el peso del pecado; el buey representa a los judíos que llevaban el yugo de la ley. ¿Tu, quién eres? ¡Animo, hermano! Cristo ha venido liberarte de la esclavitud del pecado. Mira también las dos ovejas que asombradas levantan la cabeza con admiración. ¡Quién pudiera ser oveja ante tan gran Pastor!
¿Y los pastores? Ellos habrían escuchado de la voz de los ángeles aquellas palabras llenas de alegría: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”. El más jovencito, tal vez sea por esa inocencia infantil, lo vemos postrado con las palmas abiertas ante el misterio del nacimiento. El mayor está un poco más alejado, aunque con la mirada centrada en lo mismo. Al lado de ellos vemos a una mujer: es Raquel que lleva agua fresca al que es manantial de eternidad y fuente de la vida. También ella se queda expectante. Aquí resuenan las palabras de Cristo a la Samaritana: “dame de beber”.
También vemos a los tres magos de Oriente que vienen a rendir pleitesía y honor al Niño Rey que acaba de nacer. Le traen oro, símbolo de realeza; incienso, símbolo de divinidad; y mirra, símbolo de su pasión y muerte. Tres reyes que visitan al Rey de reyes. La tradición cristiana nombra a estos tres magos como Melchor, Gaspar y Baltasar. Su presencia simboliza la apertura de la venida del Hijo de Dios a toda la humanidad y no sólo al Pueblo de Israel.
Y ahora mírate a ti mismo, ya que, al igual que estas figuras, tú también estás invitado a contemplar desde la oración y el silencio el misterio de este nacimiento. No tengas prisa. Despacio. Mira con los “ojos” de las plantas y los animales. Imita la postración de los Magos de Oriente. Acércate como la mujer del cántaro y los pastores. Contempla con los ojos cerrados de San José y la Virgen María. Deja que el misterio de este nacimiento descienda a lo más profundo de tu existencia y derrame todas las gracias que el Señor ha venido a traerte en esta Navidad. No tengas prisa… Detente... Mira… Contempla…
*Este Portal de Belén ha sido elaborado y pintado a mano por las monjas de Belén, de la Asunción de la Virgen y San Bruno. Fue adquirido en el monasterio de Sigena (Huesca)
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