José Vergara, perteneciente a una familia de artistas oriunda quizá del norte de España, nace en Valencia el 2 de junio de 1722, siendo hijo de Francisco Vergara, escultor, y de Agustina Ximeno, padres también del escultor Ignacio Vergara Ximeno (Valencia, 1715-1776), de Francisco y de Agustín, ambos fallecidos prematuramente. Este matrimonio tuvo también tres hijas (Agustina María, Josefa María y Mariana). Unos días después, concretamente el seis, es bautizado en la iglesia parroquial de San Andrés de la que será feligrés durante toda su vida.
José Vergara, es uno de los más importantes pintores valencianos del S.XVIII, que supo superar, sin renegar de ella, la tradición de la gran pintura local de Juanes y de Ribalta, asimilar la estela tardobarroca de Palomino en la vida artística de Valencia y, sin viajar a Italia ni a Francia, modernizar la pintura valenciana de su tiempo, con una producción inmensa y de considerable influencia. Aprovechando con instinto excelente las escasas muestras de la pintura europea moderna de su época que alcanzó a conocer directamente y los grandes repertorios de dibujos y grabados de la pintura italiana barroca, pudo lograr obras de grato colorido, complejas composiciones, con tipos físicos a la moda, dotados de gracia cortesana y levedad rococó, actualizando y revitalizando fórmulas ya consagradas en la pintura valenciana y creando otras nuevas de gran fortuna. Supo también preservar y actualizar la cultura simbólica e iconográfica del barroco valenciano y emplear de modo eficaz y elegante los principios más elaborados de la perspectiva y el escorzo. En toda su extensa obra se manifiesta una regularidad y una calidad que puede llegar a ser muy alta en algunas pinturas de caballete y sobre todo en los espléndidos frescos murales, que muchos lugares de la Europa contemporánea envidiarían.
Es notable también su esfuerzo por elevar la dignidad y la calidad de la pintura de su tiempo, por la creación de la Academia de las Bellas Artes y los estudios reglados de dibujo, pintura, escultura y arquitectura; su extraordinaria capacidad como decorador y hábil manejo del ornamento arquitectónico,
El fallecimiento de José Vergara se produjo el día 9 de marzo de 1799 (a las 3:00), tal y como consta en la anotación de defunciones de los diferentes profesores académicos que se apuntaba en el Archivo de la Academia de San Carlos y en la lápida mortuoria tantas veces transcrita. El día 10 de marzo se procedió al enterramiento en la iglesia del Oratorio de San Felipe Neri. El hecho de que fuese enterrado a los pies de dicho templo se debe a que debía de existir una última voluntad (al menos oral) sobre la ubicación de la tumba, puesto que la viuda pagó por este espacio el doble del precio de una sepultura normal.
Con José Vergara desaparece una de las figuras más importantes y significativas del siglo XVIII valenciano, como introductor de una nueva estética y una concepción de artista realmente innovadora en la que se aúna teoría y práctica. Uno de los mejores elogios es el que le dedica el bibliógrafo Pastor Fuster quien luego de ensalzar a Vergara como pintor universal, de versatilidad extrema, por los géneros, estilo y técnicas que dominó, sentencia categóricamente que si “las Bellas Artes le dieron honor y opinión nacional, y le conciliaron la amistad de las personas más distinguidas en ciencia y empleos, también ennobleció su ejercicio por una conducta, moralidad, afabilidad, fino trato y decoro que nunca desmintió en su vida pública y privada, atrayéndose el respeto de cuantos le trataron o conocieron”.